14 de mayo de 2026
POLÍTICOKeir Starmer se enfrenta al colapso político.
Sir Keir Starmer, primer ministro de Inglaterra, es un funcionario profundamente impopular. No sólo se vio envuelto en el escándalo de los archivos Epstein por nominar ministros que habían sido acusados de violencia sexual contra menores, sino que ha perdido credibilidad sobre su capacidad de plantar cara a Donald Trump. El último clavo en el ataúd fueron las elecciones de este siete de mayo, donde su partido, Labour, sufrió una derrota humillante en las elecciones locales contra su oponente principal, el derechista populista Reform. Ahora, su propio gabinete le exige que renuncie a su puesto.
Gran Bretaña está pasando por un proceso de empeoramiento estructural desde hace más de una década. Los salarios se encogieron, mientras que el crecimiento económico ha sido profundamente decepcionante. Una serie de decisiones, desde el brexit hasta la tolerancia y sumisión a EUA, hasta una inversión pública baja, han disminuido su prosperidad económica de forma significativa. Keir Starmer es un primer ministro de Labour, el partido de centro izquierda, pero él representa a New Labour, una corriente que es más bien centrista progresista. Si comparamos a Starmer con algunos de sus rivales del partido Conservative, vemos un contraste entre personajes que cometieron errores gigantescos por errores de juicio evidentes, como Boris Johnson y Liz Truss, y Keir Starmer, que representa una corriente política que no tiene el valor ni la capacidad para responder a las crisis. Entre errar por exceso de entusiasmo y errar por miedo al fracaso, parece que hay poca diferencia.
Si Keir Starmer es destronado por su propio partido o por el parlamento, donde Labour tiene una mayoría, será reemplazado por otro líder del mismo partido. Esto hace probable que su sucesor sea una persona más a la izquierda que él, por el desgaste narrativo que su forma de gobierno ha provocado sobre el centrismo político. Pero Inglaterra tiene un mercado de bonos de deuda muy sensible a la radicalidad política. Ya sucedió que los conservadores provocaron un pánico con el minipresupuesto de la ministra Truss, es posible que a Labour le ocurra algo similar. En ese sentido, también se podría buscar un sucesor centrista, a riesgo de sacrificar las próximas elecciones.
GEOPOLÍTICOUn buque nuclear ruso se hunde misteriosamente en las costas de España.
En 2024, se hundió un barco de nombre Sparta, ahora Ursa Major, en la costa de España y Argelia, en el Mar Mediterráneo, mientras era escoltado por un buque de guerra. Este hundimiento probablemente habría sido generado por el servicio de espionaje de Ucrania, pero este país no se ha atribuido el ataque de forma oficial. Recientemente, el gobierno de España entregó a CNN información sobre este suceso. Según los documentos compartidos, el Ursa Major transportaba componentes para dos reactores nucleares.
Antes de su hundimiento, el transpondedor (un dispositivo localizador que usan las embarcaciones) del Ursa Major había estado apagado durante un año. Sólo fue encendido para pedir rescate, lo que señala la probabilidad de que el barco formaba parte de la flota gris de Rusia, una marina mercante y militar que navega a lo largo del mundo sin identificarse oficialmente como rusa, violando sanciones y evadiendo su captura y detección. El barco iba en camino a Corea del Norte, un aliado militar de Rusia. Los barcos de la flota gris rusa son frecuentemente hundidos por drones ucranianos en el Mar Negro, de donde parten, y en el Mar Mediterráneo. Los países del báltico y los europeos occidentales están aumentando la presión, requisando e inspeccionando barcos que podrían formar parte de la flota.
No sabemos quién hundió el barco, ni sabemos si realmente portaba ese material nuclear que el Gobierno de España sugirió recientemente. No saben, tampoco, los gobiernos europeos cuáles barcos son rusos y cuales no. La niebla de la guerra obstruye el conocimiento de los mares, por el momento.
HISTÓRICOVivek Chibber reflexiona sobre el futuro del socialismo más allá de la planeación central.
El socialismo del siglo XX, representado principalmente por la Unión Soviética, propuso la gobernanza centralizada y planeada. Pero Vivek Chibber, quien también es un socialista, pero del siglo XXI, se opone a ella, arguyendo que su fracaso es razón suficiente para descartarla.
En una entrevista con El Jacobino, Chibber distingue la economía planeada no por la centralización absoluta del poder (en el caso de la URSS, en el Partido Comunista), sino por la existencia de una comisión de planeación central. Según Vivek, el problema principal con la economía de planeación central es la información, porque las comisiones de planeación transmiten órdenes a los gerentes de los centros de actividad económica, por ejemplo, una fábrica, y después requieren de la información de esos mismos gerentes para estimar su capacidad de producción y, en consecuencia, planear el próximo periodo. Pero, como la capacidad de producción de cada eslabón de la economía depende de los demás (por ejemplo, la capacidad de producción de una fábrica de microchips depende de su suministro de ozono), un error de planeación en un factor de la economía generaría la ilusión de que otros estaban produciendo a su capacidad máxima. En otras palabras, los vacíos de información en algunas partes de la planeación alteraban el resultado de toda la planeación.
En segundo lugar, Chibber señala un problema de incentivos. Los gerentes eran responsables de su producción, y sancionados cuando fallaban, por lo que les convenía reportar capacidades productivas menores a las reales, considerando que sabían que la planeación tenía problemas. Entonces, los planeadores asumían esta propensión al fallo y asignaban cuotas de producción superiores a las reportadas. Esta interacción sucedía en bucle, y no era posible saber si la producción estaba subestimada o sobreestimada.
La medida más evidente para corregir estos fallos era dejar quebrar a las empresas ineficientes, pero ello requeriría admitir fallos en la planeación, lo que, por su parte, no le convenía a los planeadores, que estaban vinculados con la autoridad política soviética. Entonces, se optó por invertir más en las fábricas que fallaban, lo que implicaba un desperdicio mayor de recursos. La URSS logró un desarrollo considerable a pesar de estos problemas, pero su fracaso en la competencia geopolítica, desde la perspectiva estratégica comunista, debería ser suficiente para considerar otro s mecanismos para organizar las economías socialistas del futuro.