Keir Starmer se enfrenta al colapso político.
Sir Keir Starmer, primer ministro de Inglaterra, es un funcionario profundamente impopular. No sólo se vio envuelto en el escándalo de los archivos Epstein por nominar ministros que habían sido acusados de violencia sexual contra menores, sino que ha perdido credibilidad sobre su capacidad de plantar cara a Donald Trump. El último clavo en el ataúd fueron las elecciones de este siete de mayo, donde su partido, Labour, sufrió una derrota humillante en las elecciones locales contra su oponente principal, el derechista populista Reform. Ahora, su propio gabinete le exige que renuncie a su puesto. Gran Bretaña está pasando por un proceso de empeoramiento estructural desde hace más de una década. Los salarios se encogieron, mientras que el crecimiento económico ha sido profundamente decepcionante. Una serie de decisiones, desde el brexit hasta la tolerancia y sumisión a EUA, hasta una inversión pública baja, han disminuido su prosperidad económica de forma significativa. Keir Starmer es un primer ministro de Labour, el partido de centro izquierda, pero él representa a New Labour, una corriente que es más bien centrista progresista. Si comparamos a Starmer con algunos de sus rivales del partido Conservative, vemos un contraste entre personajes que cometieron errores gigantescos por errores de juicio evidentes, como Boris Johnson y Liz Truss, y Keir Starmer, que representa una corriente política que no tiene el valor ni la capacidad para responder a las crisis. Entre errar por exceso de entusiasmo y errar por miedo al fracaso, parece que hay poca diferencia. Si Keir Starmer es destronado por su propio partido o por el parlamento, donde Labour tiene una mayoría, será reemplazado por otro líder del mismo partido. Esto hace probable que su sucesor sea una persona más a la izquierda que él, por el desgaste narrativo que su forma de gobierno ha provocado sobre el centrismo político. Pero Inglaterra tiene un mercado de bonos de deuda muy sensible a la radicalidad política. Ya sucedió que los conservadores provocaron un pánico con el minipresupuesto de la ministra Truss, es posible que a Labour le ocurra algo similar. En ese sentido, también se podría buscar un sucesor centrista, a riesgo de sacrificar las próximas elecciones.
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